Respuesta rápida
- No la causa el biberón en sí, sino el contacto prolongado de líquidos azucarados con los dientes, sobre todo durante el sueño.
- Afecta primero a los incisivos superiores: manchas blancas en el margen de la encía que se vuelven marrones y se cavitan.
- Los dientes de leche importan: guardan el espacio de los definitivos y su infección puede dañar el germen que está debajo.
- Prevención: nada de biberón para dormir, limpiar las encías desde antes del primer diente y primera visita al año de edad.
Se llama caries del biberón, aunque el nombre técnico es caries de la primera infancia y el biberón no siempre es el culpable. Puede destruir los dientes de un niño antes de que cumpla tres años, y en la mayoría de los casos es evitable.
Qué la provoca de verdad
El mecanismo no es distinto al de cualquier caries: bacterias que fermentan azúcares y producen ácido que desmineraliza el esmalte. Lo que cambia en los bebés son tres cosas.
El tiempo de contacto. Un biberón que se toma en diez minutos es muy distinto de uno que se chupetea durante una hora. Lo determinante no es la cantidad de azúcar, sino cuánto rato están los dientes bañados en ella.
El sueño. Durante el sueño la producción de saliva cae en picado. La saliva es la defensa natural: diluye, neutraliza el ácido y aporta minerales. Un biberón en la cama significa azúcar sobre los dientes durante horas y sin saliva que la contrarreste. Es el escenario más agresivo posible.
El esmalte inmaduro. El esmalte de los dientes de leche es más fino y menos mineralizado que el de un adulto. La caries avanza más rápido y llega antes al nervio.
Y ojo con lo que se considera "inofensivo": zumos naturales, leche con cereales, infusiones azucaradas, leche de fórmula. Todos contienen azúcares fermentables.
Cómo se reconoce
Sigue un patrón muy característico, porque la lengua protege a los incisivos inferiores mientras el líquido baña los superiores.
- Líneas o manchas blancas opacas justo en el borde de la encía de los incisivos superiores. Es el primer signo y en esta fase todavía es reversible con flúor e higiene.
- Manchas amarillentas o marrones, con superficie ya reblandecida.
- Cavidades y fractura del borde. En casos avanzados los incisivos superiores quedan reducidos a muñones oscuros.
- Después se afectan los molares superiores, y por último los inferiores.
Si ves manchas blancas mate en el margen de la encía, ese es el momento de pedir cita. No después.
Por qué hay que tratarla
Es la duda más frecuente: *"total, se le van a caer"*. Los motivos son concretos:
- Duelen. Un niño con caries profunda come mal, duerme mal y puede estar irritable sin saber explicar por qué.
- Se infectan. Un absceso en un diente de leche es doloroso y puede requerir antibiótico y tratamiento urgente.
- Dañan al diente definitivo. El germen del permanente está justo debajo. Una infección mantenida puede alterar su esmalte de forma permanente.
- Guardan el espacio. Si un molar de leche se pierde antes de tiempo, los vecinos ocupan su hueco y el permanente sale apiñado o queda retenido. Muchas ortodoncias infantiles complejas empiezan aquí.
- Afectan a la alimentación y al habla, sobre todo cuando se pierden incisivos anteriores.
Prevención, por edades
Antes del primer diente
Limpia las encías con una gasa húmeda o un dedal de silicona después de la última toma del día. Además de retirar restos, acostumbra al bebé a que le toquen la boca, lo que hace mucho más fácil el cepillado posterior.
Con el primer diente
- Cepillo infantil de filamentos suaves, dos veces al día.
- Pasta con flúor de 1.000 ppm, en cantidad de un grano de arroz hasta los 3 años.
- Nada de biberón en la cama. Si el bebé necesita algo para dormirse, que sea agua.
- No mojar el chupete en miel, azúcar ni leche condensada.
- No compartir cucharas, no soplar la comida ni limpiar el chupete con la boca: las bacterias cariogénicas se transmiten así.
De 1 a 3 años
- Retirar el biberón progresivamente hacia el año, pasando a vaso.
- Los zumos, si se dan, con la comida y en vaso; nunca a sorbos a lo largo del día.
- Primera visita al dentista al año de edad.
A partir de los 3 años
- Cantidad de pasta del tamaño de un guisante, siempre con flúor.
- Escupir sin enjuagar con agua después: mantiene el flúor actuando.
- Cepillado supervisado por un adulto hasta los 8-9 años. Antes de esa edad no tienen destreza suficiente, por mucho que quieran hacerlo solos.
Si ya está ahí
Las opciones dependen del grado: remineralización con flúor si son manchas blancas iniciales, empastes si hay cavidad, pulpotomía o pulpectomía si ha llegado al nervio, coronas pediátricas en destrucciones grandes y, como último recurso, extracción con mantenedor de espacio.
En odontopediatría lo primero es siempre que el niño esté cómodo. Un niño que sale de su primera experiencia sin miedo es un adulto que irá al dentista toda su vida.
Preguntas frecuentes
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